La zona arqueológica de Tenancingo nos permite imaginar que el pueblo prehispánico tuvo sus teocallis y patios ceremoniales en la cima del cerro, pero poseía bosques alrededor y tierras feraces con ríos y arroyos.
La zona ha sido destruida y saqueada, pero aún se conservan enormes terrazas escalonadas, muros y petroglifos.
En las murallas que ven al sur de la ciudad prehispánica, está un estrado monolítico, donde la leyenda dice estuvo Moctecuhzoma, y los Calpixques recibían los tributos.
Excavaciones angulares en las rocas, permitían la colocación de maderos que se convertían en escalones para subir la muralla.
A la derecha y hacia el occidente del estrado, un relieve impresionante está sobre un pequeño manantial. Alude a la captación de agua para la zona sacerdotal, con las flechas de principio o terminación de la obra: ome acatl, dos caña y cetochtli, uno conejo.
Un arqueólogo identificó a la deidad esculpida en la roca, como Matlacueitl “la de la falda de red”, semejante a Chalchiutlicue “la falda de jade”.
La inferencia al parecer sería correcta porque la deidad está en el nacimiento de un manantial.
La deidad está sentada con las piernas cruzadas; luce un extraordinario penacho de plumas de quetzal, luce además orejeras y collar de jade y tiene adornos laterales, en forma de abanicos.
En la región pectoral, presenta un orificio que contenía un adorno; de un brazo pende un Xiquipilli o bolsa.
Presentamos una fotografía de este relieve enunciando, que indudablemente no es la diosa Matlacueitl, ni Chalchiutlicue, si no otra deidad, porque su rostro emerge de unas fauces de serpiente, cuyos ojos y colmillos, son visibles, arriba de la región frontal.
No conocemos a Chalchiutlicue o Matlacueitl con máscara o nahual de serpiente.
Otra roca presenta un colotl o alacrán, aludiendo seguramente a una constelación.
También existe en otra roca un relieve de Xochiquetzal “la flor de pluma rica”, deidad de la belleza, el amor, las flores y patrona del hogar.